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Naturalista De Campo

Primeros Atisbos del Final del Invierno

Por fin se puede decir que el invierno de 2018 se ha aproximado más a lo que en teoría debe ser un invierno, las nieves, aunque algo tarde, han llegado en abundancia a los principales sistemas montañosos de la península ibérica. En las montañas que suelo frecuentar, en el Sistema Central, se acumulan en cotas altas, espesores que pueden superar los 2 metros, aunque la nieve está repartida de manera irregular debido al afecto del viento.

El día, aunque gélido, era perfecto para pasarlo en la montaña. Llegué a la zona por la mañana muy temprano y subí al amanecer por una ladera sur con el objetivo de llegar a una cuerda que está dispuesta Oeste-Este. El viento al llegar soplaba con fuerza y actuaba como un cuchillo en la cara, la temperatura estaba varios grados por debajo de los 0ºC pero el viento hacía que la sensación de frío se agudizase extraordinariamente. Las nubes corrían a gran velocidad y chocaban con las montañas congelándose al instante produciéndose el fenómeno de la cencellada.

Anduve por la cuerda gran parte del día siguiendo e identificando los rastros de la escasa fauna que por esas alturas resiste el rigor del invierno y en un momento dado, a media mañana, comencé a escuchar a lo lejos un sonido inconfundible, un sonido que ya había escuchado en los días del final del verano y principios del otoño, no había duda, se trataba de aves migratorias.

Me puse a resguardo del viento a esperarlas y a los pocos minutos, comenzaron a sobrevolar por encima de mi cabeza bandadas de aves migratorias provenientes con toda seguridad de Extremadura y Andalucía. Parecía mentira que en pleno temporal de frío y con gran parte de las tierras bajas cubiertas bajo varios centímetros de nieve todavía, algunas aves hayan comenzado su migración hacia tierras del norte de Europa.

En este caso y a diferencia del otoño, cuando veía a las grullas sobrevolar estas montañas dirección sur, se trataba esta vez de bandadas de ánsares comunes (anser anser) las que pasaron graznando sin parar por encima de estas gélidas montañas, volando en contra del viento que soplaba fuerte del norte, una gran sorpresa y un bonito regalo que siempre te hace la naturaleza cuando pasas un día en ella, siempre agradecida.

Siempre me causa una profunda emoción ver estos movimientos migratorios, acompañados de sus inconfundibles y atávicos sonidos que se habrán repetido a lo largo de miles de años quedando en lo más profundo de nuestro ser, síntoma también de que la naturaleza pese a todo sigue o intenta seguir su curso.